Dunkerque

Título original: Dunkirk.

Año: 2017.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Brannagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, Jack Lowden, James D’Arcy, Aneurin Barnard.

Reseña y críticas.

Tráiler en español.

Aún en cines.

“La supervivencia siempre es injusta”

Soldado británico.

 

“Las guerras no se ganan con evacuaciones”. Con tan elocuente frase, proferida por Winston Churchill, a la sazón primer ministro del Reino Unido, en su discurso del 4 de junio de 1940 ante la Cámara de los Comunes, quedaba cerrado uno de los capítulos más trágicos y, a la vez, más heroicos de la Segunda Guerra Mundial: la “operación Dinamo”, durante cuyo transcurso más de 300.000 soldados británicos, franceses y belgas, vencidos y acorralados por las tropas de la Alemania nazi en la playa gala de Dunkerque, fueron trasladados del continente a las islas británicas para, una vez allí, rehacerse y proseguir la lucha. En fin, no cabe duda de que el gran estadista inglés tenía razón a la hora de tratar un júbilo excesivo por el éxito de la operación, pero tampoco puede obviarse que, muy probablemente, el “milagro de Dunkerque”, como de inmediato fue conocido, permitió al Reino Unido y a sus colonias sostener el esfuerzo bélico que, a la postre, determinaría la derrota del nazismo en 1945.

Fue una maniobra titánica, un ejercicio de superación en el marco de una derrota que parecía catastrófica, que se prolongó del 26 de mayo hasta principios de junio, y que no sólo permitió la supervivencia de buena parte de los ejércitos aliados que se oponían al afán conquistador de Adolf Hitler, sino que también demostró – o debería haberlo hecho – a los líderes germanos que el Imperio Británico no estaba dispuesto a capitular. No en vano, con los buques de la Armada Real a salvo en sus puertos, reservados para la siguiente batalla crucial, fueron cientos de marineros civiles ingleses, a bordo de yates de recreo, gabarras de transporte, pesqueros y lanchas, quienes asumieron la responsabilidad de cruzar una y otra vez el Canal de la Mancha, desafiando a los aviones, minas y submarinos enemigos, para llevar a sus agotados soldados de regreso a casa.

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Una historia tan jugosa no podía pasar desapercibida para la industria del celuloide, y a lo largo de los años no han faltado las películas y documentales dedicados a dicho “milagro”. La más reciente de esas producciones, el drama romántico Expiación, estrenado en 2007, dedica a la evacuación de Dunkerque un soberbio plano secuencia en el que refleja el caos reinante en la playa, con miles de soldados derrotados y enloquecidos esperando su turno para ser embarcados. Precisamente esa escena es la que, en palabras propias, sirvió de inspiración al director británico Christopher Nolan para la ejecución visual de su último proyecto: Dunkerque, una inusual incursión en el cine bélico, estrenada el pasado viernes en España y que, en su primera semana en cartelera, no sólo ha cosechado un rotundo éxito de taquilla, sino que también se ha ganado el título de mejor película tanto del año en curso como de su creador.

Ya hacía años que el metódico Nolan deseaba comprometerse con un proyecto que abordase la “operación Dinamo” de una manera diferente a todo lo previo, algo muy en la línea del afán transgresor y revolucionario que caracteriza al autor de criaturas tan peculiares como Memento, Origen o Interestellar. Y, tras profundas reflexiones acerca del guión, y con un acertado sentido de la oportunidad, por fin Nolan ha hecho realidad su sueño cinematográfico. El resultado es una película atípica dentro del género bélico, más cercana al thriller que a la acción – aunque esta última abunda –, narrada entre escenarios – la tierra, el mar y el aire – por un variopinto conjunto de personajes, representantes de los distintos colectivos implicados en el drama, desde los soldados, marineros y pilotos hasta los civiles que, voluntariamente, se implicaron en las tareas de evacuación.

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La narración no es lineal, pues el director viaja adelante y atrás a lo largo del periodo del tiempo en el que se producen los hechos, utilizando esa deriva no sólo para mantener la tensión del relato, sino también para enlazar unas sub-tramas con otras, relacionando entre sí a los diferentes personajes que, de un modo u otro, terminan convergiendo en algún punto de la historia. Así, el fusilero Tommy (al que da vida el londinense Fionn Whitehead) aguarda en la playa, con otros miles de combatientes, la llegada de la flota de la evacuación, a la que pertenece el señor Dawson (interpretado por el talentoso Mark Rylance), quien, a bordo de su yate y acompañado por su hijo y por el mejor amigo de éste, se propone ayudar a que sus defensores en el continente vuelva a sus hogares. Y todo ello mientras el as de la aviación inglesa Farrier (un Tom Hardy casi permanentemente oculto tras la máscara respiratoria de su casco de piloto) trata de dar cobertura desde el aire con su caza Spitfire a los desamparados soldados, a merced de las bombas de los Stukas y ME alemanes.

El catálogo de tipos humanos es amplio, siendo difícil señalar a un único personaje como protagonista principal de la cinta. Si bien es cierto que los rostros Whitehead, Rylance y Hardy son los que con más frecuencia aparecen en pantalla, el gran plantel de secundarios que reclaman la atención del público refuerzan el carácter coral del conjunto. Cada uno de ellos representa uno de los diferentes modelos de conducta que es posible concebir en una situación como aquella: el héroe abnegado, el superviviente desconcertado, el líder carismático, el cobarde irredento, el miserable dispuesto a todo con tal de huir… No en vano, en la guerra, como en cualquier tesitura dramática, sale a relucir lo mejor y lo peor del ser humano, una certeza bien reflejada en esta cinta.

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Son muchos los críticos que han calificado la trama como “sencilla”, y quizá tengan razón, pues esa falta de linealidad en el relato, y el hecho de que Dunkerque tampoco pretenda ser un relato fiel de lo acontecido en 1940, otorgan al total un sabor a mero espectáculo, a entretenimiento sin apenas mensaje, algo que en absoluto es cierto. Lo que es incuestionable es el tremendo valor de la puesta en escena, el cuidado con que Nolan ha ejecutado la acción y el realismo de los detalles estéticos, desde los vehículos y armas hasta los uniformes. Rodada en 70 mm. y sin apenas efectos digitales, la película se aproxima en lo visual a maravillas como Salvar al soldado Ryan, mostrando la carnicería con gélido y desapasionado realismo, hasta el punto de que veteranos de aquella operación han declarado sentirse maravillado – y aterrados – por su aproximación con la realidad – los hundimientos de navíos son verdaderamente escalofriantes –. Y no es la muerte el único terror reflejado, sino también la espera, el miedo a que la salvación no llegue, el pánico a la aparición imprevista del enemigo justo cuando todo parece resuelto. Por momentos, la tensión se hace difícil de soportar desde la butaca, multiplicada por el hecho de que en ningún momento se le puede poner cara al enemigo. Los alemanes son sólo un caza, un bombardero, una silueta en lontananza… Pero resulta imposible darles una naturaleza humana. Otro de los aciertos del cineasta británico.

El tono final constituye una oda al valor, a la determinación y al esfuerzo frente a toda penalidad, aunque planteado con serenidad y realismo, sin omitir el drama, lejos del “buenrrollismo” en el que tan fácil parece caer en los tiempos que corren. Y es en este punto en el que, quizá, se pueda hacer un nimio reproche a la obra de Nolan, pues el director ha pasado de puntillas por uno de los acontecimientos que más ampollas despertó en el momento de la evacuación, y que, a juicio de algunos historiadores, a punto estuvo de dar al traste con la alianza entre Reino Unido y Francia: el trato dispensado a los soldados galos por sus homólogos ingleses a la hora de subir a los barcos, que, en algunos momentos, rozó el crimen flagrante; de hecho, no faltaron los militares anglosajones que llegaron al extremo de amenazar con sus bayonetas a sus compañeros de armas para impedirles acceder a la salvación. La prioridad del Gobierno de Su Majestad era salvar a su Cuerpo Expedicionario en Francia; la suerte de los ejércitos aliados era algo secundario. Tal vez los puristas censuren el que se haya obviado dicha actitud – que llevó al tremendista dirigente galo Charles de Gaulle a replantearse seriamente su alianza con Churchill –, pero no deja de ser un matiz minúsculo en el contexto de un conjunto memorable.

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Gratamente extraña, impecable en su factura, clásica en su puesta en escena y atípica en su planteamiento de la historia, Dunkerque es una obra moderna con sabor añejo. Un ejemplo más de que el cine siempre puede reinventarse sin perder el contacto con el pasado, y hacerlo con tanta calidad como para recolectar los aplausos casi unánimes de un público inteligente y con buen criterio.

 

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