John Wick

Título original: John Wick.

Año: 2014.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Director: Chad Stahelski y David Leitch.

Reparto: Keanu Reeves, Mikael Nyqvist, Willem Dafoe, Alfie Allen, Dean Winters, Adrianne Palicki, Ian McShane, John Legizamo.

Reseña y críticas.

Tráiler en español.

Adquisición online.

“John Wick es a quien contratas cuando te quieres cargar al ‘hombre del saco’”

Viggo Tarasov (Mikael Nyqvist)

 

“La venganza se sirve mejor fría”. ¿Cuántas veces, a lo largo de nuestras vidas, habremos oído, leído y hasta pronunciado esa máxima, con mayor o menor grado de convicción? Muchas, probablemente. Al menos, yo he recurrido a ese clásico de la filosofía existencial en más de una ocasión, a modo de consuelo cuando me he sentido víctima de alguna clase de ofensa, segundos antes de olvidarlo todo para siempre y de dedicarme a otros quehaceres más productivos que planificar represalias.

Ahora bien, por más que nos hayamos escudado veces tras ese parapeto verbal, ni de lejos habrán sido tantas como veces ha inspirado a los creadores de Hollywood a la hora de idear el argumento de sus películas. Y es que la venganza, el deseo animal de ajustar cuentas, de devolver el orden al Cosmos saltándose a la torera las normas de la civilización, no sólo es un poderoso motor del comportamiento humano, sino también un eficaz combustible para la máquina de hacer dinero en taquilla. ¿Alguien lo duda? Que dedique unos minutos de su vida a pensar cuántos títulos cinematográficos de los que han visto la luz en lo que llevamos de siglo beben directamente de ese deseo para justificar la historia narrada. Sí, es cierto; mejor dejarlo para otro momento. Es un trabajo de chinos.

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Por supuesto, y como sucede con tantas otras actividades, la venganza en pantalla, fría o caliente, puede manifestarse de maneras muy dispares. Está, por un lado, el sujeto corriente que, a raíz de un suceso dramático, se toma la justicia por su mano haciendo uso de los recursos a su alcance; baste como ejemplo la icónica Un día de furia, en la que Michael Douglas encarnaba a un sencillo ejecutivo que, de repente, se revelaba contra el mundo escopeta en mano. En el extremo opuesto se sitúa la fuerza – bruta – de la Naturaleza encarnada en un hombre ruidoso, destructivo e inmisericorde, dotado de especiales habilidades para repartir dolor, y que es capaz de imponerse a un número abrumadoramente alto de enemigos por pura determinación; en ese sentido, seguramente Liam Neeson, protagonista de las tres entregas de la serie Venganza, tendría mucho que decir. Entre ambos polos se puede detectar toda una escala de grises de lo más variopinta, desde el viril y socarrón John McLane de turno, eternamente atrapado en su particular Jungla de cristal, hasta el tétrico Nick Hume de la malograda Sentencia de muerte.

John Wick merece una categoría aparte.

Conocida en España – país en el que fue directamente a parar a los videoclubes – con el sobrenombre Otro día para matar, esta creación, orquestada en tándem por los directores David Leitch y Chad Stahelski, difícilmente puede compararse con muchos otros títulos del género de acción. Ya de entrada, el argumento sorprende tanto por su simplicidad como por cierto toque ridículo, a la par que adictivo, que lo caracteriza: John Wick, un antiguo sicario al servicio de la mafia rusa de Nueva York (correctamente interpretado por ese actorazo de la cabeza a los pies que es Keanu Reeves), recientemente enviudado, retoma el sendero de la violencia para vengarse del hijo de su antiguo contratante por robarle el coche y matar a su perro. El capo Viggo Tarasov (encarnado de manera magistral por el recientemente fallecido actor sueco Mikael Nyqvist), padre del díscolo gamberro, tendrá que poner en juego todos sus recursos para frenar los pies a Wick, consciente de que tanto él como su hijo y sus hombres se enfrentan a un asesino de élite extremadamente eficiente, impredecible e implacable.

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Que un coche y un can sean los detonantes de la ira homicida de Wick ya es un detalle, como poco, rocambolesco, pero no por ello ineficaz. Muy al contrario, pues ése es el primero de un buen número de toques de humor gamberro que pueblan la película, y que son los que la convierten en el inicio de un nuevo subgénero dentro del gran bloque del cine de acción. Sin eclipsar la carga dramática del conjunto, ni tampoco el efectismo de las escenas de lucha, no faltan los “gags” capaces de dibujar sonrisas en los labios del espectador, muchos de ellos nacidos del ingenio de Viggo Tarasov, quien se postula como uno de los mejores villanos que la industria ha creado en las últimas décadas. Y es que Nyqvist crea de la nada un personaje carismático y cercano, un “malo malísimo” capaz de despertar la simpatía del público pese a lo reprochable de su comportamiento, y que, a la postre, se convierte en el mejor pilar humano de esta creación.

Frente a él se encuentra Wick, la muerte hecha carne y hueso, y el contrapeso oscuro y dramático a la encantadora villanía de Tarasov. Elegante, sofisticado, mesurado tanto en palabras como en gestos, el rol de Reeves es el de una máquina de matar precisa, perfecta, letalmente eficaz, capaz de despachar a una cantidad abrumadora de rivales de formas cada vez más imaginativas. Sus intervenciones se erigen en pilar maestro de la cinta, y no cabe duda de que actor y directores han sabido resolverlas con soberbia calidad. Las luchas cuerpo a cuerpo, los tiroteos y las persecuciones conforman una sucesión de coreografías perfectamente orquestadas, que hacen de la muerte un espectáculo casi hermoso, como si de una elitista interpretación de ballet se tratase. Huelga decir que Reeves tuvo que someterse a un extenuante entrenamiento para conseguir el dominio de las armas y de las artes marciales de que hace gala en la pantalla, pero ni qué decir tiene que el resultado está a la altura de las expectativas. Sirva de prueba el espectacular tiroteo en la sala de fiestas, primero de los muchos que pueblan el metraje.

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En John Wick es posible encontrar una película fresca y transgresora dentro de un género trillado hasta la saciedad, ligera en lo intelectual, impactante en lo visual y trepidante de principio a fin, no carente de emotividad y cuyo máximo valor es regalar al espectador una hora y cuarenta minutos de espectáculo sin desperdicio. Es ese conjunto de valores el que justifica el buen sabor de boca que suscitó en crítica y público en el momento de su estreno, y el que recientemente ha dado pie a una secuela que no tardará en ganarse un hueco en estas páginas.

 

 

Un comentario sobre “John Wick

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  1. Estupendo artículo, compañero. La verdad es que soy bastante fan de Reeves y no puedo más que agradecer que me recomendases esta película y su secuela.

    No puedo olvidar mencionar al gran Mikael Nyqvist, que contribuyó a hacer de la saga (en el cine) Millenium una de mis favoritas.

    🙂

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