Ciudadano Kane

Título original: Citizen Kane

Año: 1941

Nacionalidad: EEUU

Dirección: Orson Welles

Reparto principal: Orson Welles, Joseph Cotten, Ruth Warrick, Agnes Moorehead, Dorothy Comingore

Reseñas y críticas

Trailer en español

Adquirirla en Amazon

Rosebud

Así comienza la que, para muchos, es la mejor película de la historia. La última palabra del magnate Charles Foster Kane supone, paradójicamente, el comienzo del relato de su vida.  Orson Welles se armó de valor, una troupe de actores desconocidos para el gran público y un guión sin fisuras para contar la historia de un hombre que, a pesar de estar rodeado de tantos flashes, vivió a la sombra de su propia ambición. Aunque años después Welles afirmó que emplear una palabra como hilo conductor de la película fue “un truquito sacado de un libro de tercera de Freud para principiantes”, lo cierto es que la jugada le salió redonda.

El misterio de por qué un hombre, que lo ha tenido absolutamente todo, pronuncia una palabra tan aparentemente irrelevante (Rosebud significa “capullo de rosa” en inglés) provoca que un joven periodista decida indagar en la parte más personal y desconocida de Kane.  A través de las entrevistas que realiza a varios personajes importantes en la vida del magnate (socios, viejos amigos, antiguas amantes, etc), se nos presenta a un hombre que, si bien se hizo a sí mismo, también se encargó de consumar su propia autodestrucción.

kane-1

Se podría decir que Kane lo intentó. Que puso todo de su parte, que tuvo la intención. Que a veces la vida, a pesar de habértelo ofrecido todo, no siempre tiene el don de la oportunidad. Charles F. Kane es un heredero al que no le dieron el tiempo suficiente para ser hijo. Revolucionario al que los años y la ambición impregnaron de amnesia. Progenitor a medio camino de ser padre. Pero eso sería hacer un relato muy superficial de una personalidad compleja, solitaria y que a pesar de su temeridad no tiene ni la más remota idea de cómo ser valiente.

El joven Kane es rebelde, idealista y desafiante. Un provocador nato. Tiene demasiado dinero y le falta tiempo para conseguir que el mundo lo conozca. Su cansancio es verídico y primitivo, a pesar de su juventud, porque conoce el mundo al que llegó de prestado. Desprecia la indiferencia que sienten los poderosos hacia quienes los encumbran, detesta la hipocresía y el desfalco moral inherente al dinero y, en forma de exclusivas, pone en evidencia las miserias de quienes se creyeron dioses a pesar de ser terriblemente humanos.  En esta primera etapa de su vida, Kane hace del amor hacia la verdad primero, y a los demás después, una declaración de intenciones. Había llegado para quedarse.

Hay quien cree que las ensoñaciones son terreno vedado para las arrugas y la suma de veces que la vida te hace fruncir el ceño. Que la realidad termina por imponerse y la amargura comienza cuando quizás el más rico sí es el que más tiene. Kane no es una excepción a la regla. Los medios de comunicación, poco a poco, empiezan a crear fronteras, a delimitar su espacio, a enjaularlo. Y ya se sabe que no hay nada más peligroso que un león aburrido y hambriento. Ya no se conforma con ser un magnate de la comunicación, sino que necesita llevar su mensaje a esferas más altas. Donde unos ven narcisismo, Kane prefiere erigirse como una voz que se debe a quienes carecen de todo, elevándose una octava por encima de los que nunca se pondrán ante un micrófono. Hace del sentido de la moral su bandera, impregna de socialismo su discurso y justifica su ambición con el sufrimiento ajeno.

A pesar del truncamiento de su carrera política y sus escarceos amorosos, la necesidad de aceptación de Charles continúa siendo su leitmotiv. Los años pasan, la vida termina por adelantarle por la derecha y, en su etapa final, decide cambiar de estrategia. Para ello construye su propio palacio  y opta por refugiarse en el mausoleo en el que se ha enterrado en vida, dando la espalda a un mundo que, a pesar de estar acostumbrado a mirarlo a diario, nunca ha llegado a verlo realmente.

El periodista encargado de reconstruir su vida acierta de pleno al reconocer que no se puede justificar la vida entera de un ser humano con una palabra y que, por mucho que investiguemos, indaguemos y nos abandonemos a la búsqueda de quién pudo ser alguien, siempre hay algo de sí que con él o ella se muere. Se puede saber mucho de un hombre por lo que dijo, por lo que hizo, por lo que calló y lo que omitió reconocer…pero nunca podremos conocerlo del todo.

Cuesta una vida entera averiguar quiénes somos, resignarnos a no volver a ser y aceptar que, vivir con las heridas y cicatrices que nos hicieron las experiencias, las personas y el tiempo, es la máxima expresión de la supervivencia.  Lo que Charles F. Kane no supo reconocer es que la imaginación es el opio de la nostalgia; añorar quienes podríamos haber sido es inherente al ser humano. Aprender de nuestros errores, no.

No podemos volver atrás por mucho que huyamos hacia adelante y no hay manecilla en nuestro universo que cuente las horas hacia atrás.  No hay suficiente dinero en el mundo que nos devuelva quien fuimos, el amor que consumimos aun habiéndolo dejado a débito. No hay voz que se mantenga firme cuando confesamos qué parte de nuestra oscuridad es la que nos da más miedo.

El mayor logro al que aspiraba el rey de Xanadú no era el poder, ni alimentar su ambición, ni siquiera mantener una fortuna que, en el fondo, tampoco llegó a importarle. El anhelo más profundo e inconfesable del hombre que rozó el cielo en vida era ser recordado, aunque fuera en el último círculo del infierno, cuando lo alcanzase la muerte. Entendió que la grandeza no se compra, que la soledad no se vende y que no es más rico quien más tiene, ni quien menos necesita… sino quien emprende un viaje, del que no espera volver, sabiendo que allá donde vaya lo esperan.

kane-2

Rosebud es la prueba irrefutable de que la felicidad no se almacena en un banco, no se deja en herencia, no le pertenece legítimamente a nuestra piel. Ni siquiera a la de un dios, por muy terrenal que éste sea. Nuestras posesiones no nos anclan a la vida porque lo material se consume entre la carne y lo que queda de nuestros huesos antes de partir.

Kane decía que hay dos tipos de personas, las que consiguen lo que quieren y las que no se atreven a conseguir lo que quieren; que, de no haber sido tan rico, habría sido un buen hombre.  Quizás es cierto que no se puede juzgar a un hombre por sus últimas palabras ya que esclavizan tanto como las primeras.

Aunque nos aferramos a éstas para compensar la orfandad de nuestro silencio que deja tras de sí la muerte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: