Hasta el último hombre

Título original: Hacksaw Ridge

Año:2016

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: Mel Gibson

Reparto principal: Andrew Garfield, Sam Worthintong, Hugo Weaving, Teresa Palmer, Rachel Griffiths.

Reseña y críticas

Con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge) Mel Gibson nos ofrece una portentosa mirada cinematográfica hacia temas como el heroísmo, la fe, la fidelidad a los principios o los dilemas morales ante los que se enfrenta todo verdadero héroe. La película se centra en la odisea personal de un atípico héroe de guerra, Desmond Doss, cuya heroicidad bélica, que le valió la más prestigiosa condecoración de guerra americana (La medalla del congreso), no consistió en segar las vidas del enemigo, sino en salvar las de aquellos que las entregan, muchas veces estúpidamente, en los campos de batalla. Desmon Doss, un jovenzuelo larguiducho, de profundas convicciones religiosas (era un fervoroso creyentes de la Iglesia de los Adventistas del Séptimo Día), desafió y desconcertó al estamento militar norteamericano durante la II Guerra mundial, realizando algo aparentemente contradictorio; servir a su país en las cruentas batallas de la guerra del pacífico sin arrebatar una sóla vida humana, como sus convicciones religiosas le exigían. Para ello tuvo que demostrar ante sus superiores y sus compañeros su valor y su heroísmo, sin tener que disparar un solo tiro, tanto en el campo de entrenamiento como en el combate, donde ejerció de camillero y se destacó salvando la vida de más de setenta soldados, muchos de los cuales estaban abandonados a su suerte en el devastado campo de batalla de Hacksaw Ridge, uno de los escenarios de la terrible batalla de Okinawa en Mayo de 1945.

El Drama del Héroe

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La película tiene un sólido guión dramático que constituye una reflexión interesante sobre las motivaciones tanto humanas como sobrenaturales de todo héroe. Por un lado, el personaje de Desmond cree firmemente en el carácter sagrado de la vida, cuyo respeto es el mandamiento más importante del decálogo para él. Por otro lado se encuentran las debilidades humanas. Desmond crece en un hogar marcado por la violencia, la de un padre que la ejerce continuamente sobre su familia, como respuesta instintiva a sus traumas postbélicos ( sirvió en la gran guerra y vio toda la destrucción de la que es capaz el ser humano). El personaje de Desmond se debate, durante buena parte del metraje, en su propia lucha interior, por alejarse de la respuesta inmediata del odio ante la frustración y el sufrimiento.

Durante la película asistimos a la construcción del héroe, del inadaptado creyente en un ambiente hostil. Tanto en la vida civil, donde creecer en un ambiente religioso, como el de los adventistas del séptimo día, lo separa del resto. Pese a ello, su autenticidad lográ conquistar el amor de la enfermera más guapa de su ciudad. Su inadaptación también se manifiesta en el ámbito miltar. Cuando Desmond rechaza el uso de las armas durante su entrenamiento militar, lo que originará recelos,incomprensión y violencia, tanto física como moral, hacia su persona. Su pacifismo no es entenido en el ámbito castrense, donde se hace equivaler a cobardía, insolidaridad y una falsa superioridad moral.

Finalmente el héroe, como si de una tragedia griega se tratara, es puesto a prueba en el campo de batalla. Prueba que le hace confrontar sus convicciones en medio de tanta muerte y destrucción con el sentido último de su vida. A diferencia del Sargento York de Howard Hawks, Desmond, pese a ver caer a sus compañeros, decide permanecer fiel a sus convicciones. ¿Que sentido tiene un soldado que no puede matar?. Esa es la pregunta que martiriza su conciencia y cuya respuesta encuentra Desmond con ocasión de la retirada de su batallón, cuando decide no retroceder y permanecer con su biblia y la oración como sus únicas armas, con las que entregarse a una titánica tarea: salvar hasta el último hombre que quede vivo, frente a la espeluznante crueldad de los japoneses, dispuestos a acabar con todo herido o prisionero en su particular inmolación final. Gracias a su heroísmo , sobrehumano, el delgaducho y débil Desmond lográ salvar de una muerte segura a más de setenta hombres. Eastwood en sus magníficas películas Banderas y de Nuestros Padres y Cartas desde Iwojima contrapone dos formas de entender el heroísmo. Una tradicional y auténtica, la japonesa de los hombres del general Kuribayashi (Cartas desde Iwojima) y otra propagandística e irreal, la estadounidense de Banderas de Nuestros Padres. Gibson invierte los papeles al presentar el drama de unos hombres dipuestos a a dar la vida por sus contrapuestas convicciones. Mediante el uso del montaje paralelo final se establece un antagonismo moral entre la rendición japonesa y el sacrificio final de Doss. El Seppuku Japonés de los últimos combatientes japoneses simboliza la consagración de la actitud vanidosa ante la vida (el sacrificio como consecuencia del fracaso vital), lo que el filósofo francés Bataille denominaría una acción soberana, que reconcilia la finitud del ser humano con la negatividad de la existencia, mediante el suicidio ritual del que no está dispuesto a vivir en la deshonra. Desmond, por el contrario personifica el ideal cristiano del sacrificio redentor, incluso en favor de aquellos que le han vejado y dudado de él.

Gibson yendo contra corriente

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Si hay algo que destaca en Hasta el Último Hombre es sobre todo la autenticidad de la mirada de Gibson hacia un personaje, Desmond Doss, que ejemplifica aquellos valores que la posmodernidad ha traicionado, instalada en el relativismo y la complacencia ante los valores dominantes. No será la mejor película bélica , su “etología” de la violencia no llega a la altura poética de la Delgada Línea Roja (Malick), ni tiene la épica de Salvar al Soldado Ryan (Spielberg), tampoco retrata la mezquindad de los altos mandos con la maestría de Robert aldrich en Attack ni es ese canto al pacifismo de La Chaqueta Metálica de Kubrick pero pocas películas han reflejado tan bien esa ambivalente relación entre fe, principios y debilidad humana. Quizás solo lo haya logrado Robert Bresson o con menos solvencia Zeffirelli. Gibson es un cineasta que defiende en su cine una cósmovison cristiana, muy poco políticamente correcta en unos tiempos de relativismo y escepticismo que Lyotard calificaba como del fin de los metarrelatos. Solo en ese sentido puede calificarse a la película de apología del fundamentalismo religioso como algún crítico ha dicho. Desde posicionamientos nietzscheanos que presentan una sospecha permanente sobre la mera existencia de principios y valores, los cuales son presentados en el relativismo, no como el resultado de las libres convicciones, sino como la cara invisible de mecanismos de poder ocultos.

Es precisamente esta mirada cristiana y esta defensa de unos valores, se compartan o no, lo que probablemente lastrará el reconocimiento crítico de esta película, demasiado firme en la defensa de unos valores, para un Hollywood más proclive a relatos de complacencia y descreimiento. Demasiado cercana a los postulados del ala evangélica del GOP (partido republicano) estadounidense para ser del gusto del Hollywood actual . Lo que está claro es que Gibson y Eastwood representan una forma de hacer cine que se considera clásica y alejada de los estereotipos tanto del cine indie como del manierismo autoral que tanto gusta a la crítica americana hoy en día.

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