Her

Título original: Her

Año: 2013

Dirección: Spike Jonze

Reparto principal: Joaquin Phoenix, Amy Adams, Scarlett Johansson

Reseña y críticas

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Una de las grandes utilidades de la ciencia ficción, al margen de aquellas cintas del género cuyo único objetivo es la diversión pura y dura en un mundo de fantasía, es reflexionar sobre temas que nos afectan como sociedad sin mostrarlos directamente; hablar de nuestro mundo, sin hablar de nuestro mundo. Y cuando digo nuestro mundo puede tratarse del actual, del real, del conocido o del común. Por eso es uno de los géneros que dan pie a más posibilidades. Así,  Blade Runner habla de la muerte y de la consciencia, La llegada habla de la comunicación asociada a la cultura y del aborto…

¿Y qué tiene que ver todo esto con Her?

HER

Pues bien, Her es, en cierta medida, una película de ciencia ficción reflexiva que cumple este elemento con un logro añadido. Puede no parecer ciencia ficción, porque la propuesta de película romántica está tan conseguida que eclipsa la irrealidad de su concepto o porque el futuro atemporal que retrata no es algo que veamos tan lejano. Ese es precisamente el logro del que hablo: es tan real que nos lo creemos. Y, como decía, aprovecha poder hablar de nuestro mundo con mucha más profundidad de la que dejaría una película de corte realista sobre el tema.

Sí, el tema de la película. Contra lo que pueda parecer, no habla sobre lo terrible del avance de la tecnología a modo de Terminator en tonos pastel; no, Her es una película que habla sobre las relaciones humanas. Las relaciones de pareja, las relaciones de amistad, la soledad y la compañía, la alegría y la tristeza, la ceguera y la decepción. Y habla de las relaciones humanas sin que necesariamente una de las partes de la misma sea una persona, y es tremendamente efectiva. Cuando hablaba de Anomalisa en este blog, comentaba que era una de las películas más humanas del año y ninguno de sus personajes tenía condición (solamente aspiración) de serlo. Aquí, la relación del personaje de Joaquin Phoenix con su sistema operativo es desgarradoramente cercana y a menudo tierna, y eso es lo que nos duele de la película. Porque podemos llegar a vernos allí, móvil en mano, ilusionados y ciegos al principio, dudosos después y decepcionados al final.

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Pero no es esta su única capa de lectura: cuando la película plantea la relación con el sistema operativo, lo hace de dos maneras. Por una parte, humanizándole con los rasgos que cuidadosamente introduce en su personalidad, alejándose de lo mecánico. Pero, por otra parte, resaltando el rol verdaderamente humano del protagonista, marcando una línea con el hermetismo falsamente personal de la máquina, como ya hiciera la genial 2001: Odisea del espacio (no necesita presentación) allá por finales de los 60. Sólo que entonces HAL pasaba a jugar el papel de humano frente a un Dave Bowman casi divinizado y todopoderoso en cuyas manos estaba el destino de la aterrada computadora, ahora temiendo por su vida, en una de las mejores escenas que nos ha dado la ciencia ficción. En este caso, el SO al que pone voz Scarlett Johansson quiere pero no puede ser parte de la relación. Y el personaje de Phoenix quiere creer que es posible. Y, tras la decepción, vuelve a su único apoyo real. Que es un ser humano. Y que sabe que va a estar siempre ahí, a pesar de lo alejado que está de la brillante perfección de sus sistema operativo. Porque, en esencia, Her es una oda a la imperfección; esto es, a las relaciones humanas tal y como son.

Cuidando las formas

Las interpretaciones son sencillamente impresionantes. Joaquin Phoenix, actor de raza, no necesita mucho espacio ni diálogos para definir a un personaje: le basta con las expresiones faciales, los gestos y los sutiles movimientos. Es un actor camaleónico, irreconocible de una película a otra, y efectivo en todas ellas. Por otro lado, Scarlett Johansson crea un personaje increíblemente cercano solamente con la presencia de su voz. Amy Adams, siempre correcta, acompaña con un personaje que en su escaso tiempo en pantalla se convierte en imprescindible para el relato y al que consigue también aportar personalidad y desarrollo.

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La dirección es calmada, muy visual y efectiva en una narrativa original pero no compleja en exceso. Juega con los planos cortos y los contrapone a planos muy abiertos pintando un cuadro muy completo e hipnótico. Es personal, tierna y cercana. Puede resultar aburrida para algunos, y me consta que más de uno lo cree así, pero supongo que es inevitable en este tipo de cine. La fotografía preciosista y sus tonos pastel son imprescindibles como herramienta situacional y de construcción de ambientes, para sumergir en el peculiar mundo del protagonista al espectador. Y el resultado es muy satisfactorio. No será la película definitiva sobre las relaciones humanas, pero es una de las mejores películas que podemos encontrar en los últimos años en un subgénero, la tecnología en nuestro mundo, tan sobreexplotado y con tan poco que aportar en la mayoría de casos.

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