Especial Navideño: “Gremlins”

Título original: Gremlins.

Año: 1984.

País: Estados Unidos.

Director: Joe Dante.

Reparto: Zach Galligan, Phoebe Cates, Frances Lee McCain, Dick Miller, Hoyt Axton.

Reseña y críticas

Adquisición online 

“Por mucho que griten, por mucho que lloren, por mucho que te supliquen… ¡No les des de comer después de la medianoche!”

Señor Wing

¡Por fin ha llegado la Navidad! Y, con ella, las tan esperadas vacaciones de fin de año, los reencuentros con los seres queridos y, cómo no, también la revisión de algunos de los clásicos navideños del celuloide. Son fechas marcadas por las alegría, el amor, el disfrute en familia y las comilonas pantagruélicas, y en Un café y dos claquetas hemos querido haceros a todos vosotros, estimados lectores, un regalo a la altura de las circunstancias. Por ello, el equipo en pleno de este blog ha unido fuerzas para realizar un especial dedicado a uno de los títulos ligados para siempre a estas celebraciones. Un producto de la magia del guionista Chris Columbus, rodado bajo la batuta de Joe Dante y que ha hecho que estanterías de todo el mundo de puebles de peluches entrañables. Nada más y nada menos… ¡Que Gremlins!

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“Gremlins, aquéllos bichejos tan entrañables y achuchables… ¡mientras cumplas las reglas!.” – por ainadv

Corría la década de los 90 cuando vi por primera vez “Gremlins” en televisión. Lo primero que me viene a la mente si la pongo en modo “Cuéntame” es Gizmo, con sus orejas desplegables, su naricilla casi imperceptible y sus grandes ojos. Se me antojaba un ser totalmente adorable despertando desde el minuto uno mis ganas de “pedirme uno por Navidad”.

Pero no todo iba a ser alegría y felicidad. En el momento en que los “amigos” de Gizmo se metamorfoseaban convirtiéndose en “pequeños aliens diabólicos” que daban repelús, me tapaba los ojos, no fuese que al irme a dormir esa noche me encontrase uno debajo de la cama cual Freddy Krueger. Por no mencionar la mala uva que tenían los muy… ¡ejem! Obviamente, estaba bien clasificada como película de terror.

Dicho esto y, antes de finalizar, seamos francos, ¿quién no tuvo o tiene grabada esta película en VHS? Es más, a ver esos “retro die-hard fans”, ¿quién no ha querido un peluche de Gizmo en algún momento de su infancia – o vida, incluso -?  Como diría Gizmo: – sonido gutural, pequeño gritito, abre y ciérra los ojos lentamente como un gatito meloso – Traducción: ¡Felices fiestas!

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“El placer de hacer trizas la norma.” – por Borja Pino

La Navidad es una festividad de costumbres, un hábito en sí mismo compuesto por diversas prácticas igualmente rutinarias. Así, año tras año se repiten los mismos platos típicos navideños, los archiconocidos clásicos cinematográficos para toda la familia, las poco originales galas de televisión… Sin embargo, de vez en cuando alguien aquí y allá decide renegar de tales tópicos y añadir un toque personal a esta celebración, bien sea para entenderla de una manera original o, incluso, para reírse abiertamente de ella. Y pocas formas de hacerlo se me ocurren tan ingeniosas como renunciar a Ramón García o a Cristina Pedroche y, en su lugar, poner en pantalla Gremlins, quizá el anti-clásico navideño más famoso hasta la fecha.

Gamberra como pocas, terrorífica por momentos y, sobre todo, terriblemente divertida, desde su estreno en 1984 millones de cinéfilos de todo el mundo hemos encontrado en esta obra de culto la fórmula mágica para abstraernos de tanto espumillón, tanto mazapán y tanto mensaje “buenrollista” saturado de azúcar glas. Y todo gracias al adorable Gizmo, al infame Stripe y a esa legión de monstruitos sádicos, guasones y más malos que un día sin pan, aunque carismáticos y graciosos hasta el delirio, capaces tanto de arrasar un pueblo entero como de emocionarse viendo Blancanieves y los siete enanitos.

A quienes abracéis la idea de romper con lo manido y de atreverse a explorar las mazmorras más demenciales, retorcidas y entretenidas de la Navidad no puedo dejar de sugeriros que incluyáis Gremlins en vuestros menús. Estoy seguro de que no os arrepentiréis.

Y recordad: nada de comer pasada la medianoche.

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“Pero… ¿En serio no has visto “Gremlins”?” – por conhachedehalmudein

Miradas de extrañeza, ceños fruncios y suspicacia hecha pregunta. Así reaccionamos todos cuando descubirmos un ser maravillosamente rarito, perdón, RARITO que desconoce el peligro de dar de comer a un furby primigenio a partir de las 00.00.

Como Mary Poppins, El Rey León o, recientemente, Frozen, Gremlins es una película inherente a la infancia si llegaste al mundo de la década de los 80 en adelante. Antes de la genial profesora McGonagall de Harry Potter, los pequeños y siniestros Mogwai pusieron de moda aquello de transformarse…tanto que lo llevaron a otro nivel; al de icono pop, concretamente.

Confieso que una parte de mi sigue esperando que esta Navidad, por fin, traiga consigo un Gizmo de carne, hueso y nulas capacidades reproductivas (y mira que dudo Y MUCHO que lo tengan en el chino de mi barrio. Establecimiento que, por lo demás, es tan sombrío como el de la película). Admito también que, a mis veintitantos, cada vez que sale Stripe con su mechón de pelo blanco, ojos rojos y zambullidas nocturnas, escondo la nariz bajo la manta.

Si bien, con lo que me quedo de este clásico navideño es la moraleja que trae consigo acerca de la responsabilidad que requiere cuidar de otro ser vivo. Un mensaje de respeto hacia nuestras mascotas que, en estas fechas nunca está de más recordar. Al fin y al cabo, ¿Es que tú no has visto la película de los Gremlins?

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“Los ochenta de Spielberg (y mucho Spielberg) y Chris Columbus, de Robert Zemeckis y Wolfgang Petersen, de Irvin Kershner y James Cameron.” – por PGA

“Los Gremlins” tiene varios méritos a falta de uno sólo. Es creativa, tiene carisma, desarrollo e imaginería propia. Es una de las denominadas “películas navideñas alternativas”, catalogación que tiene el honor de compartir junto con Jungla de Cristal en una lista compuesta por cintas que no consideraríamos navideñas en un sentido tradicional, pero que por la ambientación o las circunstancias han pasado a serlo. También son estos peludos personajes parte inseparable de los ochenta. Yo, por suerte o por desgracia, soy de los que vieron la película después de esta mítica etapa y, si bien esto supone haberme perdido la fiebre del momento y no vivir la película en sus circunstancias, también me ha servido para verla con perspectiva. Y con perspectiva sigue siendo un icono ochentero irrenunciable. Porque no es solamente una película que llame la atención por estar ambientada en esta época: es que es una película que dice a gritos haber sido creada en los ochenta. Un estilo de cine infantil y juvenil que después no se repitió, solamente se emuló. Hasta su más ligera secuela parecía ya de otra época. Los ochenta de Spielberg (y mucho Spielberg) y Chris Columbus, de Robert Zemeckis y Wolfgang Petersen, de Irvin Kershner y James Cameron. De imaginación desbordante y talento a la par, de fiebre fantástica y descontrol de medios. Y, en el medio, los Gremlins. Representando toda una etapa en la que ser parte destacada no puede más que ser un mérito. Un mérito más.

“Ya no se hacen películas como las de antes…” – por Halongar

Para los que somos de mi generación -y tenemos un importante ramalazo friki, todo hay que decirlo- hay dos películas navideñas por antonomasia: Die Hard y, sobre todo, GREMLINS. No están completas estas fiestas hasta que vemos caer a Hans Gruber del Nakatomi plaza, y al adorable Gizmo demostrar su valentía enfrentándose a sus malvados hermanos. Joe Dante (Piraña, Pequeños Guerreros), artesano del cine “b” aún dentro del propio Hollywood, logró con esta película su mayor éxito tanto de crítica como de público. Y no es para menos: una gamberra sátira navideña, bien dirigida, profundamente “ochentera” (1984), con divertidos guiños cinematográficos, y una peculiar mezcla de humor negro y leves tintes de violencia ciertamente sorprendentes, no podía sino quedar en el recuerdo colectivo como un filme por el que que no pasan los años.

Y es que acierta plnamente el director al hacer a los propios Gremlins las auténticas estrellas del filme, son estos pequeños y adorables peluches al principio y terroríficos diablillos portadores del caos posteriormente (gran crítica la que se marca Dante a la manía de regalar mascotas como si fueran juguetes, tan propia de nuestra sociedad de consumo), los que llevan a la tierna pareja protagonista que forman Billy y Kate (Zach Galligan y Phoebe Cates), secundarios de lujo como el vecino Futterman (Dick Miller) y en definitiva a todo el pueblecito de Kingston Falls a vivir unas navidades que difícilmente olvidarán. La excelente banda sonora del gran Jerry Goldsmith es la guinda de un pastel que merece ser disfrutado todas las navidades. Y recuerda: nunca, nunca, nunca les des de comer después de medianoche…  ¡Felices fiestas!

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