Bent

Título original: Bent

Año: 1997

Nacionalidad: Reino Unido

Director: Sean Mathias

Reparto: Clive Owen, Lothaire Bluteau, Ian McKellen, Mick Jagger, Jude Law, Nikolaj Coster – Waldau.

Reseña y críticas

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“Esto no está pasando”

– Max

“Bent”, que se traduce literalmente del inglés como “torcido”, era comúnmente utilizado para definir de una forma despectiva a las personas homosexuales en dicho idioma. No es casualidad, por tanto, que Sean Mathias – el director de la película y un conocido actor teatral británico – escogiese respetar el título de la obra teatral homónima del año 1979 en la que está basada, inspirándose ésta, a su vez, en el conocido libro del superviviente a los campos de concentración, Hans Heger.

La historia nos sumerge de lleno en el Berlín del Tercer Reich, justo después de “la noche de los cuchillos largos” y el asesinato del líder nazi Ernst Röhm que desembocó en una dura persecución a las personas homosexuales. Max (Clive Owen) convive con Rudy, su pareja, y ambos visitan frecuentemente fiestas nocturnas en la ciudad. Éstas son amenizadas, en numerosas ocasiones, por la transformista Greta (interpretado por un sorprendente Mick Jagger). Sin embargo, una de esas noches, Max llevará a su casa a un miembro de las Sturmabteilung que acabará siendo asesinado por sus propios “compañeros” en medio de una redada de dicha organización, provocando que Max y Rudy huyan a fin de no ser atrapados.

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Max en una de las fiestas nocturnas organizadas en el Greta’s Club.

Sin embargo, eventualmente el azar hará que sean capturados y enviados al campo de concentración de Dachau. Al son del molesto repiqueteo del tren en las vías ferroviarias y, paralelamente a los giros reiterados de cámara que nos transmiten el profundo terror que la situación conlleva, Max se verá obligado a enfrentarse a la dura realidad siendo obligado a negar su relación – ni siquiera de amistad – con su pareja, llegando a presenciar los tratos vejatorios a los que es sometido y, para más inri, siendo forzado a participar en los mismos. El espectador llega a acompañar el pensamiento de Max, que no deja de repetir una y otra vez a quien acierte a escucharle en ese lúgubre vagón que “esto no puede estar pasando”.

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No es sino cuando el tren arriba en el campo de concentración de Dachau que finaliza la primera parte de la película. En la misma suceden muchas cosas, el director imprime un ritmo dinámico, rápido, con giros de cámara circulares, a menudo redundantes – enfatizando la sensación de agobio máximo y claustrofobia -, y primeros planos.  Sin embargo, una vez en destino parece que todo se detiene, el escenario cambia a uno mucho más sombrío, más seco y desolado. Ya no hay tantos personajes que nos roben la atención o nos descentren de la trama principal – salvo contadas excepciones de planos generales en los barracones donde dormían hacinados -.

En Dachau la cámara se centra en Max, en su día a día realizando los trabajos forzados a los que es sometido. Trabajos que amenazan su estabilidad mental, pensados especialmente para ello. Posteriormente, compartirá el desesperanzado escenario con Horst (Lothaire Bluteau), un hombre que solía trabajar como enfermero y fue llevado al campo de concentración por ser homosexual al que conoce brevemente en el fatídico tren. Desde el primer momento, Horst reclamará con fuerza a Max que no tuviese la valentía suficiente para vestir el triángulo rosa como él, habiendo optado por autodefinirse como judío – vistiendo, por ende, el triángulo amarillo – en su intento por sobrevivir. “Me dijiste que el triángulo rosa era lo más bajo, lo peor, contestaría Max no pudiendo evitar mirar al pasado, recordando su elección y todo lo que rodeó a la misma.

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Max y Horst en una escena en el campo de concentración de Dachau.

Lentamente, nos empaparemos de la relación que nace entre los dos protagonistas, de la dulzura que transmiten los sentimientos de Horst hacia Max y de su forma de exteriorizarlos dado el nulo margen que tiene para ello. Ni siquiera la advertencia de éste  – no me ames, ódiame – hará mella en Horst. Este hecho tiñe de esperanza mínimamente la situación que les rodea proporcionando al espectador un pequeño respiro en el torbellino de crueldad del que viene siendo testigo. Un instante que sabe a poco según continúa el metraje, pero que se antoja cálido como aquél café que te calienta en una fría tarde de invierno.

“Bent” es, sin duda, una película dura, cruel en ocasiones, valiente y con un trasfondo profundamente tierno. Las interpretaciones de Owen y Bluteau resultan destacables, sobre todo en las numerosas escenas que comparten a solas en el campo de concentración. Destacar, asimismo, la aparición – si bien breve­ – del líder de los Rolling Stone, Mick Jagger que conduce solventemente a su Greta/George y, por supuesto, el siempre correcto Sir Ian McKellen. Si no habéis tenido ocasión de visionar “Bent” en estos casi veinte años que han pasado desde su estreno, os recomendamos que lo hagáis en cuanto os sea posible. No obstante, se recomienda tener una caja de pañuelos cerca, el que avisa…

 

 

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