Gran Torino.

Título original: Gran Torino

Año: 2008.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Dirección: Clint Eastwood.

Reparto principal: Clint EastwoodBee VangAhney Her,  Christopher Carley , Doua Moua , Sonny Vue 

Reseña y críticas

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“¿Qué es la vida?”

Padre Janovich

“Gran Torino” no sólo es un coche que la casa americana Ford comenzó a vender en 1972, sino que, además, es el título de la película que hoy analizamos. Una obra realizada por el gran Clint Eastwood, una estrella del celuloide que no necesita presentación. Sin embargo, por si hay alguien a estas alturas que no sabe quién es, baste decir, entre otras cosas, que ha realizado más de 55 películas; que fue muy asiduo al género cinematográfico denominado “Western” – revivido actualmente, entre otras, por el reboot de “Los 7 magníficos” analizada la pasada semana en este mismo blog – con títulos tan conocidos como “Por un puñado de dólares” o “El bueno, el feo y el malo”; que comenzó a dirigir películas en el año  1971 encadenando títulos de gran relevancia como, por ejemplo, las oscarizadas “Million dollar baby”  – protagonizada por el propio Eastwood y la también ganadora del Oscar Hillary Swank – o “Sin perdón”  – otro western imperdible en el que le acompañan los actores Gene Hackman y Morgan Freeman –. Curiosamente, Eastwood está entre los actores legendarios que no han visto premiadas sus dotes como actor en los premios Oscar. En este grupo se enmarcan, también, Cary Grant, Peter O’ Toole y Richard Burton.

Centrándonos en la película que nos ocupa y siguiendo el guión de Nick Schenk  – conocido por otros títulos como “El juez” que aprovechamos a recomendaros – nos situamos en un singular barrio residencial de la ciudad de Michigan. Este barrio albergaba antaño a la clase blanca trabajadora del país. Sin embargo, se ha ido convirtiendo en un lugar multicultural donde conviven numerosas personas de la etnia “hmong” – provenientes del sudoeste de China, Vietnam y/o Tailandia fundamentalmente como consecuencia de la Guerra de Corea que tuvo lugar entre los años 1950 a 1953 y en la que Estados Unidos jugó un importante papel apoyando a Corea del Sur -. Un cambio étnico y cultural que no agrada demasiado a nuestro protagonista, Walt Kowalski, un veterano que combatió en dicha guerra, recientemente viudo, que convive con su fiel perra desde que se retiró de su trabajo en la fábrica de coches de factura americana “Ford” – creada por Henry Ford en 1903 – y que se siente profundamente invadido por sus nuevos vecinos. Podríamos decir que se siente hasta ofendido por su mera presencia.

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Precisamente, la presencia constante de la “Ford” a lo largo del film denota la especial relevancia que va a tener en su desarrollo. Partimos de que el tesoro más preciado de Walt es su coche “Gran Torino”, un modelo original del año 1972 que guarda como oro en paño y que desata las ansias más ardientes de poseerlo en sus propios familiares. No obstante, no son los únicos que desean hacerse con él, también llama poderosamente la atención de varias bandas callejeras que “patrullan” el barrio. Es más, en un momento dado nuestro protagonista se pregunta: “¿Qué le pasa a todo el mundo con mi coche?”. Éste será el punto de partida de la historia y provocará que su camino se cruce con el de su vecino de etnia “hmong”, el joven Thao – o “Atontao” como le llama él alegremente en la versión doblada al castellano – y su hermana Sue. A regañadientes pero, paso a paso, irá descubriendo que puede vencer sus numerosos prejuicios raciales y encontrar puntos comunes con estos dos miembros de esa cultura ajena que tanto critica. Es más, a modo de breve detalle sin ánimo alguno de spoilear, cabe mencionar que su acercamiento a ellos es casi tan fuerte como el de su propia sangre.

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Nuestra principal reflexión gira en torno al canto a la tolerancia, a la solidaridad con el resto de personas con las que convives, un rechazo al racismo y la xenofobia, así como a las consecuencias que ello puede traer y a la superación de los traumas personales en aras de sentirse mejor con uno mismo. No olvidemos, además, que es un análisis minucioso acerca de la vida y la muerte; para muestra un botón en forma de la frase que introduce este análisis. Un mensaje poderoso que Eastwood sabe cómo transmitir a través de una cuidada fotografía, un guión ágil, dinámico – aunque plagado de términos ofensivos en lenguaje “slang” referidos a prejuicios raciales –, una apariencia estudiada de “película de sobremesa” caracterizada por su minimalismo y, sobre todo, por una interpretación magistral acorde a su conocido renombre. Es importante destacar al resto del reparto entre los que destacan Bee Vang y Ahney Her y en el que figura el mismísimo hijo de Eastwood, Scott – como Trey Harmful –. Además, los extras son en su mayoría personas que pertenecen a la propia sociedad “hmong” residente en esa misma ciudad.

No obstante y, pese a ser una de las mejores películas de la filmografía como director de Eastwood hasta la fecha ­– se rumoreó que sería su última película dirigida por él en la que también sería el actor principal por una clara alegoría del filme –, fue ninguneada en la edición de los Oscar de 2008 – celebrada en febrero de 2009– en la que, junto a otros títulos como “El Caballero Oscuro” de Nolan, no fueron siquiera nominadas ante el gran estupor de la crítica especializada. En nuestra opinión, no necesita la dorada estatuilla para ser una de las mejores películas de los últimos años.

 

 

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