12 hombres sin piedad

Título original: 12 angry men

Año: 1957

Dirección: Sidney Lumet

Reparto principal: Henry Fonda, Lee J. Cobb, Jack Warden, E.G. Marshall, Martin Balsam, Ed Begley…

Reseña y críticas

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En esta segunda entrada cinéfila y cafetera del blog, os hablaremos de un clásico que podría considerarse una de las mejores diez películas del género judicial y una de las mejores de todos los tiempos y géneros: “Doce hombres sin piedad” dirigida por  Sidney Lumet en 1957. Se trata de una obra escrita por Reginald Rose originalmente para televisión y que, posteriormente, fue adaptada al teatro y al cine.

El argumento es aparentemente sencillo: al comienzo de la película el juez encargado del caso advierte a los doce miembros de un jurado popular en un caso de asesinato que deben reflexionar sobre el mismo, valorar las pruebas en consonancia con las leyes y establecer si tienen alguna duda sobre la culpabilidad del acusado. En caso de tenerla, deberán votar “inocente”. De no ser así, su voto debería ser de “culpable”.

A priori podría resultarnos poco atractiva pues es en blanco y negro y la estética de la película es más bien austera – “realista”, solía aducir su director -, cuyo fin último radica en que nos centremos por completo en la trama.

Como siempre, sin ánimo de “spoilearos” os advertimos antes de metemos de lleno en el argumento: si la habéis visto, acompañarnos, si no la habéis visto aún, ¿a qué esperáis? ¡Merece la pena! No obstante y, aunque no sea muy revelador lo que vamos a comentar a continuación, podéis esperar a verla y después leernos 😉

Llama poderosamente la atención desde el primer momento el lugar donde se desarrolla prácticamente toda la película, la sala para el jurado de un tribunal de justicia. Los doce personajes entran en la misma y no la abandonan hasta que obtienen una decisión unánime al final. Parafraseamos al juez con nuestra primera pregunta a reflexionar: ¿el chico acusado es inocente o es culpable? Parece una pregunta sencilla y por ello en la primera votación once de los jurados votan “culpable”, frente a un solo “no culpable”. Sin saberlo – pues los jurados en la película son legos en Derecho – están dirimiendo sobre una premisa jurídica básica: la “presunción de inocencia”.

Sin embargo, tras esa votación, cuyo fin no es más que debatir y reflexionar durante un periodo de tiempo prolongado – recordemos al personaje que se queja de que tiene que atender a un partido y quizás llegue tarde, o aquél que está inmerso en sus negocios que tan ocupado le tienen – para evitar tomar una decisión tan grave que pueda dar con una persona en la silla eléctrica sin haber revisado todos y cada uno de los puntos en cuestión. La labora del Jurado nº 8 no es más que la función del abogado defensor que, como posteriormente se verá, el susodicho encargado no realizó de forma correcta dejando muchos interrogantes en el tintero. ¿Qué pasaría si nadie en ese jurado hiciese ese papel? ¿Qué pasaría si esa decisión se tomase en cinco minutos?

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La trama pasa a centrarse así en los hechos del caso, dejando al margen la cuestión jurídica previa. Como hemos visto, el jurado nº 8 (el “encubierto abogado defensor”) es a quien “tienen que convencer” de que el acusado es culpable – y, por tanto que él se equivoca y el resto no – volviendo sobre los hechos probados en juicio – a saber, las pruebas testificales – . Observamos cómo se van revelando los caracteres de los personajes, qué hacen en su día a día, en qué trabajan, si tienen una personalidad fuerte – recordemos a un par de jurados en concreto que levantan la voz y resultan a claras luces ofensivos en sus intercambios de opiniones -, si por el contrario son más tímidos e introvertidos, etc. Es en este momento cuando nos damos de bruces con otra perla del film sobre la que se podría reflexionar: son doce miembros del jurado con sus respectivas opiniones y prejuicios los que van a decidir sobre la vida del chico acusado – cuyo origen va a jugar un papel fundamental en sus respectivas decisiones -. Nos surgen las siguientes preguntas: ¿es aconsejable un juicio con jurado lego en Derecho? ¿Se trataría de una forma efectiva de participación ciudadana en la administración de justicia?  ¿Estamos demasiado cargados de prejuicios como para que un juicio con jurado sea efectivo?

Aquí vale la pena hacer un pequeño paréntesis para comentar que los juicios con jurado en Estados Unidos distan mucho de ser iguales a los producidos en nuestro país. En España el juicio con jurado está tasado para según qué casos y con determinados procedimientos. En Estados Unidos, sin embargo, es algo muy habitual, viene de lejos y es complicado establecer paralelismos con nuestro sistema.

Volviendo a la película, según avanzan los minutos parece transmitirnos un halo enorme de agobio casi claustrofíbico, de calor extremo en esa sala – recordemos cómo hacen uso del ventilador, acuden al servicio a refrescarse o se acercan a las ventanas -, que no hace sino incrementar el “enfado”de ahí el título original 12 hombres enfadados – de según qué personajes hacia quien les parece que se rebela contra la “verdad absoluta”: que ese chico es culpable y “no se hable más”.

Muchos sentimientos se entremezclan a lo largo de las dos horas de metraje, desde un ánimo por debatir calmadamente sobre la situación, hasta la más profunda visceralidad a la hora de impartir justicia – recordemos esa gran frase de “malditos sean todos los hijos del mundo por los que das la vida -; situación que se refleja de una manera formidable en los planos: éstos comienzan siendo tomados desde una perspectiva superior y más alejada, hasta posarse en el rostro de los personajes con primeros planos justo cuando los momentos de tensión van in crescendo.

Y de ahí … al final. Bueno, eso ya lo veréis vosotros – ¡esperemos!-.

Os animamos una vez más a que la veáis porque es, sin duda alguna, una obra maestra. Si lo hacéis, ¡decidnos lo que pensáis en los comentarios! Y si queréis saber algo más de la película, existen varias tertulias acerca de la misma en Youtube 😉

¡Hasta la próxima, cafeteros cinéfilos!

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